¡Más de un mes desde mi primera y última entrada en mi blog! ¡Qué vergüenza! Y no me imaginéis recostada sobre una tumbona en alguna paradisíaca playa dándole a mi piel un saludable color naranja (por que hoy en día la gente ya no se pone morena, se pone roja, naranja o ambarina, pareciendo más una estantería recién barnizada que un veraneante 1).
El estar bastante liada con una serie de petites proyectos personales y la falta de Internet en mi hogar (no hay ningún vecino altruista que comparta su wifi) me hace teneros tan abandonnés, pero como casi todos andaréis levantando la industria del turismo y la hostelería, tampoco me siento tan culpable.
¿Novedades? Deux. Me fui de compras, mon chers, avec mi amiga del alma Kristina y estoy terminado de ingerir Lolita de V. Nabokov. Una de cal y otra de arena. Culto a mi cuerpo y a mi mente, para que luego digan de las rubias… ¡Ja!
No os preocupéis, que a cada acontecimiento le dedicaré su respectivo rinconcito en esta parcela del ciberespeacio ya que se la merecen por derecho propio, y por que esgrimen unos argumentos que no puedo rebatir. ¿Será por el verano? ¿Será por que soy débil de espíritu y me dejo sojuzgar? Que será, será…
Cuidaos, pero mejor que os cuiden que es más divertido y mas descansado.
Besos.
1 Personalmente denomino este curioso fenómeno como “el efecto Zaplana”.
Escrito por Patricia Nuro